La adolescencia puede poner a prueba toda tu paciencia. Es habitual que aparezcan: contestaciones, portazos, silencio y distancia entre vosotros/as… A raíz de estos problemas de conducta en adolescentes, es normal que el ambiente en casa se vuelva tenso y que como madre sientas que te quedas sin recursos para reconducir las diferentes situaciones que puedan tener lugar.
Cuando los hijos/as crecen, toda la estructura de la familia se tambalea. Los roces diarios desgastan la relación y generan un clima de incomprensión constante. En este punto, muchas mujeres asumen toda la carga emocional del hogar, intentando apagar fuegos, mediar en cada discusión y solucionar cada enfado.
Estar en permanente estado de alerta provoca un agotamiento extremo que acaba pasando factura. Es imposible sostener y ayudar a tu adolescente si tú misma sientes que no tienes energía ni espacio para respirar.
A menudo, las madres se olvidan de sus propias necesidades al volcarse en las de sus hijos/as. Sin embargo, para poder gestionar esta etapa de transformación en casa, tú necesitas estar bien. Cuidar de ti misma, de tus tiempos y de tu descanso no es un acto egoísta, es el primer paso imprescindible para mejorar el ambiente familiar. Cuidar de ti misma, enseña a tu adolescente la importancia de cuidarse a una misma. Si tú estás tranquila, segura y fuerte, transmites esa calma al resto de la familia.
Recuperar tus espacios y poner el foco en tu propia estabilidad física y emocional te convierte en el verdadero motor de cambio. Cuando tú modificas tu forma de reaccionar ante los conflictos y te comunicas desde la calma, todo el sistema familiar empieza a moverse y a responder de manera diferente.
Cuando las herramientas de siempre ya no funcionan para frenar las dinámicas inadecuadas, buscar orientación es una decisión muy inteligente. A veces surgen dudas sobre qué camino tomar para solucionar los problemas en casa, por lo que conviene aclarar dos conceptos clave:
No tienes que pasar por esto sola ni cargar con todo el peso de las discusiones diarias a tus espaldas. Si sientes que la situación te supera y quieres encontrar otra forma de relacionarte con tu adolescente, pedir apoyo profesional es la forma más directa de recuperar la paz.
A través de mi consulta, ofrezco un espacio de terapia individual y familiar, donde trabajaremos juntas para entender lo que está pasando. Pondremos el foco en tu bienestar emocional para que, desde esa fortaleza, puedas construir una relación mucho más sana, equilibrada y respetuosa en tu hogar.
Acudir al psicólogo con la finalidad de mejorar la relación contigo misma y con tu adolescente, es un gran acto de cuidado familiar.