Con el inicio del curso vuelven las clases, los deberes, los exámenes y las rutinas. Y con ello, pueden aparecer algunas preocupaciones en casa: “es que a mi hijo o a mi hija le cuesta muchísimo ponerse a estudiar”, “se distrae con cualquier cosa” o “antes se concentraba mejor”.
La falta de concentración en adolescentes puede aparecer por muchos motivos y no siempre significa falta de interés o de esfuerzo. Cuando estas dificultades para concentrarse se mantienen en el tiempo, conviene observar qué puede haber detrás: cansancio, estrés, falta de sueño, exceso de pantallas, desmotivación o alguna preocupación que esté interfiriendo en su día a día.
“Si notas que tu hijo o tu hija tarda mucho en ponerse a estudiar, se distrae constantemente o se frustra con facilidad, antes de pensar que “no quiere estudiar” conviene revisar sus rutinas, su descanso y cómo está viviendo este inicio de curso. La clave está en observar si es algo puntual o si empieza a afectar a su bienestar, al rendimiento académico o a la convivencia en casa”.
Después de la vuelta al instituto, es normal necesitar un periodo de adaptación (Puedes consultar también nuestra entrada anterior del blog “adolescencia y vuelta al instituto”). Detrás de esa dificultad para concentrarse pueden existir distintos factores que merece la pena valorar antes de sacar conclusiones precipitadas.
¿Por qué puede aparecer la falta de concentración?
La adolescencia es una etapa de muchos cambios y el inicio de curso implica, además, volver a adaptarse a horarios, responsabilidades y nuevas exigencias académicas.
Dormir pocas horas, sentirse cansado, pasar demasiado tiempo delante de pantallas, tener preocupaciones personales, sentirse desmotivado o vivir una época de mayor estrés pueden hacer que mantener la atención resulte más difícil.
Simplemente, puede ocurrir que todavía no haya recuperado una rutina de estudio después de las vacaciones.
La falta de concentración es una dificultad que puede aparecer en diferentes momentos de la adolescencia y por motivos muy diversos. Por eso, antes de interpretar la falta de concentración como falta de interés, es importante intentar entender qué puede estar pasando.
¿Cómo podemos saber si la dificultad para concentrarse es algo puntual?
- Cada adolescente puede mostrar dificultades para concentrarse de una manera diferente. Algunas situaciones que podemos observar son:
- Le cuesta ponerse en marcha con las tareas.
- Se distrae con facilidad mientras estudia.
- Necesita más tiempo del habitual para terminar algunas actividades.
- Interrumpe su rato de estudio.
- Se frustra cuando una tarea le resulta difícil.
- Tiene dificultades para organizar sus deberes o preparar los exámenes.
- Notamos un cambio respecto a cómo funcionaba anteriormente.
Estas situaciones, por sí solas, no nos permiten saber qué está provocando las dificultades de concentración. Lo importante es observar cuándo aparecen, con qué frecuencia y cómo están afectando al adolescente.
Por eso, cuando estas dificultades son persistentes, aparecen en diferentes contextos o suponen un cambio significativo respecto al funcionamiento habitual del adolescente, es importante valorar qué puede estar ocurriendo antes de atribuirlas simplemente a falta de esfuerzo o de interés.
Cuando este tipo de dificultades se mantienen en el tiempo, interfieren de manera significativa en el día a día o aparecen junto a otros cambios, puede ser conveniente realizar una valoración profesional que permita descartar o identificar posibles causas y determinar qué tipo de apoyo puede necesitar el adolescente.
Esto es especialmente importante cuando observamos que las dificultades no aparecen únicamente al estudiar, sino también en otros ámbitos de su vida cotidiana como las relaciones sociales, la convivencia familiar o su bienestar emocional.
¿Qué podemos hacer desde casa?
La forma en la que acompañamos estas dificultades también puede influir en cómo las vive el adolescente.
En lugar de aumentar la presión, podemos ayudarle a recuperar poco a poco hábitos y estrategias que faciliten la organización y el estudio.
Crear un horario realista: En lugar de dejar el estudio para “cuando pueda”, puede ayudar establecer un horario aproximado para cada tarde.
Por ejemplo:
17:00 h → merienda y descanso
17:30 h → empezar a estudiar
18:15 h → pausa
18:30 h → continuar con las tareas
No se trata de crear un horario perfecto, sino de establecer una estructura realista y que pueda mantener.
Reducir las distracciones. Durante el tiempo de estudio, el móvil puede quedarse en otra habitación o en un lugar concreto de la casa. La idea no es convertirlo en un castigo, sino evitar interrupciones constantes que dificultan esa concentración.
Cuidar el descanso. El descanso también forma parte de una buena rutina de estudio. Una opción sencilla puede ser establecer una “estación de carga” para los móviles fuera del dormitorio a partir de cierta hora, por ejemplo las 22:00. Así es más fácil reducir el uso de pantallas antes de dormir y favorecer un descanso más estable.
Utilizar la técnica de pequeños pasos.
Utilizar técnicas de estudio y hacer pausas. No siempre se trata de estudiar durante más tiempo. También es importante aprender a estudiar de una manera que facilite la concentración y el aprendizaje.
Dependiendo de la edad y de las necesidades del adolescente, pueden utilizarse diferentes técnicas de estudio, combinándolas con pausas y descansos.
Organizar las tareas por prioridad. Si tiene varios deberes o exámenes, puede ayudar hacer una lista sencilla y decidir:
- Qué necesita hacer primero
- Qué puede dejar para después
- Cuánto tiempo aproximado dedicará a cada tarea.
Evitar comparaciones o reproches. Frases como “si quisieras, podrías”, “antes estudiabas más” o “tu hermano no tenía estos problemas” suelen aumentar la frustración sin ayudar a solucionar lo que está ocurriendo. En lugar de centrarnos únicamente en cuánto está estudiando, podemos intentar averiguar qué le está dificultando ponerse a estudiar.
Preguntar antes de sacar conclusiones. A veces detrás de un “no me puedo concentrar” puede haber miedo a suspender, problemas con compañeros, demasiada presión, inseguridad o simplemente agotamiento. En estos momentos, mejorar la comunicación con los adolescentes puede ayudar a entender mejor qué les está pasando y qué necesitan en ese momento.
¿Cuándo deberíamos buscar ayuda?
Si la falta de concentración se mantiene durante varias semanas, afecta de forma importante al rendimiento académico o empieza a generar mucho malestar, puede ser recomendable valorar qué está ocurriendo.
También es importante prestar atención si aparecen otros cambios: ansiedad, tristeza, irritabilidad intensa, aislamiento, problemas de sueño o conflictos familiares frecuentes.
Buscar ayuda no significa que exista necesariamente un problema grave. En muchas ocasiones, poder entender qué está dificultando la concentración y aprender nuevas herramientas ayuda tanto al adolescente como a su familia.
Acompañar también forma parte del proceso
El comienzo del curso puede ser exigente y cada adolescente necesita un tiempo diferente para adaptarse y recuperar sus rutinas.
Más que centrarnos únicamente en las notas o en las horas que pasa estudiando, puede ser útil observar cómo se siente, qué le está costando y qué necesita para recuperar poco a poco su ritmo.
Porque antes de pensar que “no quiere estudiar”, quizá merece la pena preguntarnos: ¿Qué está haciendo que estudiar le resulte tan difícil ahora mismo? Y esa pregunta puede ser un buen punto de partida para acompañarle de una manera diferente.
Si las dificultades se mantienen o empiezan a afectar a diferentes áreas de su vida, buscar orientación profesional puede ayudar a comprender mejor qué está ocurriendo y qué recursos pueden ser adecuados para vuestra situación en casa.
Podemos analizar vuestro caso juntos. Reserva una primera consulta y empezamos a buscar soluciones.